El Campo

Las primeras referencias escritas sobre El Campo las encontramos en un documento de 1181 por el que Alfonso VIII concede a su tío Raimundo, obispo de Palencia la jurisdicción sobre el condado de la Pernía.

Como dato curioso, en este mismo documento se concedía también la localidad de Caminos.

Ésta se encontraba una vez franqueado el collado de la Yesta y desde allí partía una ramificación del camino real. En el lugar se aprecian el solar y los arranques de los muros de su iglesia de San Julián.

El Campo está constituido por dos núcleos de población, el pueblo de El Campo, a 2km de San Salvador de Cantamuda y la venta Urbaneja.
Desde El Campo siguiendo una pista de tierra e indicado por un letrero se accede mediante un paseo al Mirador de El Campo desde donde se puede disfrutar de las vistas al valle del Pisuerga.


Cuando llegas a El Campo te recibe su iglesia de San Pedro con su esbelta espadaña de tres ventanales.

Llama la atención su portada de transición de medio punto, quizá la única decoración que posee en el exterior.

En su interior guarda importantes muestras de arte religioso entre las que destacan:

- El retablo mayor Neoclásico con un busto del Ecce Homo en su ático

- Imagen de La Virgen con el niño del s.XVI

- Su cáliz con punzón de Méjico de la segunda mitad del s.XVII

- Cruz de oro que junto al cáliz fueron expuestos en Las Edades del Hombre de Palencia en 1999.

Hasta mediados del siglo pasado hubo en el pueblo una casona perteneciente a Santiago Gómez Inguanzo, miembro de una notable familia perniana.

El edificio pasó luego a manos de Domingo de Rábago, conde de Rábago.

La casona se arruinó hasta desaparecer y la capilla fue derribada para construir en el solar la escuela.

Nació como recinto de caridad y cuidado de los viandantes y recibió el nombre de Hospital de Santiago, aunque ya entonces se le conocía como Venta Urbaneja. Este albergue pertenecía a la Cofradía de la Letanía de los Doce Lugares de Pernía.

Se ubicaba al margen derecho del río Pisuerga, junto a la desembocadura del río Areños.

Tras la disolución de la Cofradía la venta pasó a ser una ermita o santuario en el que se rindió culto al apóstol Santiago hasta su ruina.

Posteriormente en un solar contiguo se levantaron una serie de edificios que pasaron a tomar el nombre de Venta Urbaneja, aunque  quienes hoy habitan allí prefieren que se le aplique el nombre de Barrio Urbaneja.

Fue arteria principal de La Pernía, el centro del comercio de la zona donde se vendía vino, piensos, ultramarinos, telas, confección, calzado, madera, sal, y se transportaba a otras zonas de Castilla.

Poseía una tienda y además sus dueños salían a vender por los pueblos de la zona.