Santa María de Redondo

San Juan de Redondo

Es difícil hablar de la historia y la cultura de estas dos localidades por separado, ya que a lo largo de la historia siempre han estado ligadas.

Santa María de Redondo y su vecina San Juan de Redondo son mencionadas en El becerro de los Beneficios de la catedral de Palencia como un arciprestazgo, territorio que engloba a varias parroquias y que está bajo la jurisdicción de un arcipreste o sacerdote encargado de administrarla y dirigirla.

Los orígenes de Redondo se remontan a los primeros tiempos de las repoblaciones y su nombre nos habla de los campos rotundos o cotos redondos, pequeños territorios acotados por el rey o algún conde con el fin de repoblarlos.

De esta parroquia cabe destacar sus bóvedas bellamente decoradas y su retablo mayor rococó en el cual puede admirarse imagenes de San Pedro y San Pablo del s.XVIII, una imagen de San Juan Bautista del s.XVI, Cristo del mismo siglo en el remate y Niño Jesús del s.XVII a los pies.
Es la única parroquia de toda La Pernía que no posee espadaña románica.

En su lugar posee un campanario desde el cual se obtienen unas bellas vistas de la localidad.

Es un edificio de mampostería con espadaña a los pies, donde se aprecian dos escudos de diferentes tamaños pertenecientes a la familia noble de los Velasco, según parece provenientes del monasterio del Corpus Christi de Viarce.

Consta de una sola nave cubierta con bóveda de cañón y arista.

En su interior se aprecia la imagen de la Virgen de Viarce con el Niño, un retablo salomónico, San Juan Evangelista y Cristo crucificado del s.XVI.

A menos de un kilómetro de Santa María de Redondo se alzan dos imponentes peñas calizas, conocidas como Peñas del Moro.

Son estas peñas el escenario de la leyenda, que cuenta como un pastor de religión musulmana cuidaba las ovejas de su amo en el lugar conocido como Viarce (camino del castillo que se alzaba en Valdecebolla).

Le sorprendió una fuerte tormenta y encontró cobijo en una cueva.

De repente se le apareció una hermosa mujer que decía ser enviada de Dios y le otorgó una misión: debía abandonar su fe musulmana, peregrinar a Roma para ser bautizado por el Papa y regresar a aquel lugar para fundar un monasterio.

Juan Peña, que con este nombre fue bautizado, cumplió su misión fundando el convento del Corpus Christi, donde depositó la imagen de la Virgen de Viarce, con la condición de que si el monasterio desaparecía, la imagen se llevara al pueblo de Santa María de Redondo.

Los vecinos de San Juan de Redondo no estuvieron de acuerdo con esto pues ellos también deseaban albergar la imagen de la Virgen.

Llegaron a un acuerdo por el cual el 18 de mayo de cada año se cambiaría a la imagen de parroquia.

Pero cada vez que intentaban sacar la imagen de la Iglesia de Santa María para llevarla a la iglesia de San Juan comenzaba una gran tormenta con rayos, truenos y ventiscas.

No quedó más remedio que aceptar que la Virgen de Viarce quería quedarse en Santa María de Redondo.

El monasterio de Santa María de Viarce o del Corpus Christi fue un convento franciscano que, dejando de lado la leyenda (s.XIII) data del s.XV y fue mandado construir por los Condes de Siruela o alguno de sus familiares, quienes podrían haber donado la imagen que se conserva en la actualidad en la iglesia de la Asunción.

En el convento vivieron entre 6 u 8 frailes franciscanos entregados a la oración, el cuidado de la huerta y el oficio eclesiástico en las parroquias vecinas.

En 1835, por la Desamortización de Mendizábal, la orden franciscana se disolvió, el edificio se abandonó y los frailes fueron enviados a Reinosa.

El último fraile se hizo sacerdote mudándose a Santa María de Redondo y siendo el encargado de custodiar la imagen de la Virgen de Viarce.

A día de hoy pueden diferenciarse entre las ruinas el altar mirando al este, el claustro y las celdas.

Durante el s.XVIII y hasta finales del s.XIX el Valle de los Redondos fue famoso por sus carros blancos ligados al comercio de muelas de molino.

Compaginaban su labor agrícola y ganadera con la fabricación de muelas de molino de conglomerado o piedra de grano para los molinos hidráulicos.

Las muelas eran vendidas a lugares tan lejanos como La Rioja, Tierra de Campos, Burgos y León; creándose gran competencia con otras zonas de España en la cuales se realizaba la misma labor.

Este negocio alcanzó tal importancia que tuvo que ser regulado en 1706 para no saturar el mercado y evitar la salida descontrolada de piedras.

Por medio de esta regulación se limitaba la producción de piedras que excedieran ciertas medidas(dos varas menos dos dedos de largo y siete dedos de vara de grueso) y a quien se pasaba en las medidas se les sancionaba.

Podían fabricar todas las muelas que quisieran siempre que fueran de menor tamaño.

Para elaborarlas se desplazaban a zonas a menudo alejadas de la población y de gran altitud donde permanecían el tiempo que durase el trabajo y solo bajaban al pueblo para reparar las herramientas.

El proceso pasaba por la elección de la roca adecuada, su extracción, la labra de la piedra dándole forma redondeada y una vez labrada se transportaban hasta las localidades con carros tirados por vacas.

Aquí es donde juegan un papel importante los "carros blancos", llamados así por el color de su madera.

Eran carros de ruedas casi macizas con una gran resistencia, por lo que se usaban para cargar las muelas de molino de gran magnitud y peso  ubicadas en zonas escarpadas.

Los molinos de la zona se arrendaban. Eran molinos de eje vertical, en los cuales se creaba una balsa para garantizar un caudal regular y su constante funcionamiento.


Más información:

- La mojonera

- La minería en La Pernía 

-Los escudos y blasones del Valle de Redondo.


Comer y Dormir

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